Las elecciones legislativas del 26 de septiembre serán clave para el futuro del gobierno de Hugo Chávez y la Revolución Bolivariana en Venezuela. Luego de cinco años sin oposición parlamentaria –debido al boicot electoral opositor durante las elecciones de 2005- la Revolución enfrenta la posibilidad cierta de un límite a su accionar. La atención está puesta principalmente en lo que ocurrirá el 27 de septiembre. Sin embargo, es interesante detenerse a analizar no sólo la elección en sí y sus posibles resultados, sino también la campaña que se está desarrollando en este momento y que presenta algunos rasgos novedosos.
La campaña electoral del PSUV exhibe una filosofía consecuente con la idea de democracia sustantiva de la Revolución Bolivariana. Tradicionalmente, el día en que se emite el sufragio es considerado como el clímax de la experiencia democrática. La campaña electoral del PSUV lo enmarca en un proceso más amplio de participación, debate e involucramiento activo por parte de sus militantes y de la población en general.
A pesar de que oficialmente la campaña comenzó el 25 de agosto, hace ya varios meses que se desarrollan actividades con miras a las elecciones. A fines de abril y principios de mayo, tanto la oposición como el PSUV anunciaron sus candidatos para las 165 bancas (la totalidad de la Asamblea Nacional). Mientras la Mesa de Unidad Democrática (alianza opositora que nuclea a varios partidos, incluidos los tradicionales AD y COPEI) eligió mediante elecciones primarias a sólo 22 candidatos –los demás fueron elegidos “a dedo”- el PSUV eligió de esta manera a 110 de los 165 candidatos.
A fines de mayo comenzó la movilización electoral del PSUV, que desplegó una impresionante organización basada en la participación de su militancia y el contacto directo con la gente de ésta y de los candidatos. El Comando Nacional de Campaña Bolívar 200 se encuentra en el vértice de una estructura piramidal organizada en comandos electorales a nivel estadal, circuital, de centros electorales y de mesas de votación. En la base de esta estructura se encuentran las más de 36.000 Patrullas Bolívar 200, cada una de ellas conformada por cincuenta militantes cuyo objetivo estratégico es el de establecer contacto con diez electores cada uno, para informarlos acerca del programa partidario. Por otro lado, los candidatos procuran el contacto directo con los electores a través de medios “alternativos”: cada uno de ellos abrió, al principio de la campaña, una cuenta de Twitter, una de Facebook y un blog. El Comando Nacional de Campaña se ocupó de capacitarlos para el uso de estas herramientas.
Estas dos estrategias del PSUV para la campaña electoral buscan evidentemente un contacto con la ciudadanía que eluda la utilización de los medios masivos de comunicación. En un país en el cual más del 80% de los medios están en manos privadas y en el cual los medios más importantes son no sólo opositores, sino golpistas, esto es una necesidad. Pero por otro lado, más allá de la necesidad, el PSUV está también expresando una manera de relacionarse con la sociedad que es coherente con los valores bolivarianos por los que viene luchando el gobierno desde hace más de diez años. El contacto cara a cara (o incluso computadora a computadora) implica otorgar a la ciudadanía la posibilidad del debate. La saca del lugar de espectador pasivo que se alimenta de los mensajes transmitidos en los medios, para luego procesarlos en soledad y volcar su decisión en las urnas. Hace de éste un proceso social, en el cual el elector puede opinar, criticar, preguntar e informarse activamente. El uso de redes sociales en Internet es una práctica que se está extendiendo en el mundo y ya se han comprobado sus alcances, por ejemplo, en la última campaña presidencial estadounidense. Sin embargo, lo interesante es que en este caso el uso de una herramienta que permite el contacto directo entre candidatos y electores no deja de lado, sino que complementa, la participación partidaria y militante. El PSUV ha comprendido –tal vez a fuerza de necesidad, debido a la imposibilidad de acceder a los medios de comunicación privados- que la manera de enfrentar no sólo las elecciones, sino el gobierno mismo, es organizando e involucrando a sus militantes. Nos demuestra así que la anuencia de los medios de comunicación no es el principal objetivo que deben buscar los dirigentes de movimientos populares y que incluso se puede prescindir de ellos. Que una concepción integral de democracia sustantiva debe superar las limitaciones de la democracia liberal desde la base misma de la organización partidaria. En definitiva, nos muestra que la experiencia popular no existe sin el pueblo.
En pocas semanas se sabrá el resultado concreto de esta estrategia de campaña. El resultado, sin embargo, no es lo único que importa –lo principal es cómo se llega a él.
La campaña electoral del PSUV exhibe una filosofía consecuente con la idea de democracia sustantiva de la Revolución Bolivariana. Tradicionalmente, el día en que se emite el sufragio es considerado como el clímax de la experiencia democrática. La campaña electoral del PSUV lo enmarca en un proceso más amplio de participación, debate e involucramiento activo por parte de sus militantes y de la población en general.
A pesar de que oficialmente la campaña comenzó el 25 de agosto, hace ya varios meses que se desarrollan actividades con miras a las elecciones. A fines de abril y principios de mayo, tanto la oposición como el PSUV anunciaron sus candidatos para las 165 bancas (la totalidad de la Asamblea Nacional). Mientras la Mesa de Unidad Democrática (alianza opositora que nuclea a varios partidos, incluidos los tradicionales AD y COPEI) eligió mediante elecciones primarias a sólo 22 candidatos –los demás fueron elegidos “a dedo”- el PSUV eligió de esta manera a 110 de los 165 candidatos.
A fines de mayo comenzó la movilización electoral del PSUV, que desplegó una impresionante organización basada en la participación de su militancia y el contacto directo con la gente de ésta y de los candidatos. El Comando Nacional de Campaña Bolívar 200 se encuentra en el vértice de una estructura piramidal organizada en comandos electorales a nivel estadal, circuital, de centros electorales y de mesas de votación. En la base de esta estructura se encuentran las más de 36.000 Patrullas Bolívar 200, cada una de ellas conformada por cincuenta militantes cuyo objetivo estratégico es el de establecer contacto con diez electores cada uno, para informarlos acerca del programa partidario. Por otro lado, los candidatos procuran el contacto directo con los electores a través de medios “alternativos”: cada uno de ellos abrió, al principio de la campaña, una cuenta de Twitter, una de Facebook y un blog. El Comando Nacional de Campaña se ocupó de capacitarlos para el uso de estas herramientas.
Estas dos estrategias del PSUV para la campaña electoral buscan evidentemente un contacto con la ciudadanía que eluda la utilización de los medios masivos de comunicación. En un país en el cual más del 80% de los medios están en manos privadas y en el cual los medios más importantes son no sólo opositores, sino golpistas, esto es una necesidad. Pero por otro lado, más allá de la necesidad, el PSUV está también expresando una manera de relacionarse con la sociedad que es coherente con los valores bolivarianos por los que viene luchando el gobierno desde hace más de diez años. El contacto cara a cara (o incluso computadora a computadora) implica otorgar a la ciudadanía la posibilidad del debate. La saca del lugar de espectador pasivo que se alimenta de los mensajes transmitidos en los medios, para luego procesarlos en soledad y volcar su decisión en las urnas. Hace de éste un proceso social, en el cual el elector puede opinar, criticar, preguntar e informarse activamente. El uso de redes sociales en Internet es una práctica que se está extendiendo en el mundo y ya se han comprobado sus alcances, por ejemplo, en la última campaña presidencial estadounidense. Sin embargo, lo interesante es que en este caso el uso de una herramienta que permite el contacto directo entre candidatos y electores no deja de lado, sino que complementa, la participación partidaria y militante. El PSUV ha comprendido –tal vez a fuerza de necesidad, debido a la imposibilidad de acceder a los medios de comunicación privados- que la manera de enfrentar no sólo las elecciones, sino el gobierno mismo, es organizando e involucrando a sus militantes. Nos demuestra así que la anuencia de los medios de comunicación no es el principal objetivo que deben buscar los dirigentes de movimientos populares y que incluso se puede prescindir de ellos. Que una concepción integral de democracia sustantiva debe superar las limitaciones de la democracia liberal desde la base misma de la organización partidaria. En definitiva, nos muestra que la experiencia popular no existe sin el pueblo.
En pocas semanas se sabrá el resultado concreto de esta estrategia de campaña. El resultado, sin embargo, no es lo único que importa –lo principal es cómo se llega a él.
Celina Andreassi
Proyecto Sur Participación Urbana
No hay comentarios:
Publicar un comentario